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Biografía: Grupo Unidad, PCE(i), PTE, PT
Primera etapa: 1967-1973. Formación.
El Partido tiene su origen en Barcelona, en un grupo escindido del PSUC (Grupo Unidad) a mediados del año 1967. Este primer núcleo se integró con diversos grupos de Madrid, Zaragoza y Sevilla que también procedían del PCE. Junto a otros grupos del movimiento obrero y estudiantil, constituyeron, ese mismo año, el Partido Comunista de España (internacional). Aunque se adopta este nombre formalmente, la realidad es que son diversas células heterogéneas que actúan con bastante autonomía y desorganización, unidos por unos principios muy generales pero sin una definición política clara de actuación ni a corto ni a medio plazo. No existía una organización regular que los unificara. La primera reunión que intentó poner orden en el Partido se celebró en mayo de 1972 con la asistencia de representantes de varias provincias. Este grupo inició el trabajo de coordinación necesario para agrupar a todos los núcleos dispersos y celebrar el primer “Congreso de Constitución” el primer trimestre del año 1973.
En dicho Congreso se sentaron las bases de la línea política. Se eligió el Comité Central, que en su primera Sesión Plenaria nombró a Ramón Lobato ( Eladio García Castro) Secretario General. Se empezó a publicar con periodicidad Mundo Obrero Rojo (MOR), el primer número de la nueva etapa es de fecha 10 de abril de 1.973. A partir de ese día se publica regularmente y sirve como aglutinador de la línea ideológica y de unificación de la actuación política. Se publicó también la revista teórica Hacia el Socialismo con el informe aprobado sobre la línea política, de dicha publicación se editaron 8 números
La formación del PCE(i) se llevó a cabo, en principio, sobre la base del rechazo a las posiciones del PCE que, para los militantes del nuevo partido, había abandonado los principios del marxismo-leninismo, renunciando a la Revolución Proletaria y se había convertido en un partido ideológicamente burgués. Como resultado de su radical enfrentamiento con el PCE, acusado de revisionismo, el PCE (i) adoptó una política impregnada de un fuerte doctrinarismo, a pesar de lo cual, fue cobrando cierta implantación en algunos centros industriales, barrios y en la universidad. Muestra de ello son las numerosas detenciones de miembros del partido que se produjeron durante el final de la década de los sesenta e inicios de los setenta.
Segunda etapa: 1973-1975. Desarrollo.
El Partido mantuvo una idea clara y nítida sobre la condena del terrorismo como instrumento de lucha política. Ante el atentado que costó la vida al Almirante Carrero Blanco el Comité Central redactó una nota que publicó el MOR en el que se condenaba el atentado, porque ese no era el camino que debía tomar el pueblo para conseguir derrotar al franquismo.
Logró implantación e influencia en las principales concentraciones industriales del país, en el campo andaluz y en la Universidad. En el año 1973 ingresó como miembro de pleno derecho en la Assemblea de Catalunya, primera organización unitaria compuesta por fuerzas políticas, sindicales y sociales y personalidades independientes, que encabezó la lucha democrática bajo la célebre consigna “Llibertat, Amnistia i Estatut d'Autonomia”.
El 31 de Julio de 1974 se constituyó la Junta Democrática de España en Paris, formada por el PCE y otros partidos democráticos y antifranquistas: PSP, democristianos y socialdemócratas,….
El PCE(i) realizó una severa crítica a la Junta Democrática en el número 23 del MOR de 15/08/74. Tras esta primera posición de rechazo, rectificó su posición y pidió su ingreso en la misma. Fue aceptado en marzo de 1975.
El partido se desarrolló de una forma notable durante este período, participando como vanguardia de numerosas luchas sociales y se fue nutriendo de los elementos más activos de las mismas.
Coincidiendo con la integración en la Junta Democrática, el periódico cambió su cabecera por la de El Correo del Pueblo, acortó los períodos de publicación y se utilizó como elemento de agitación y propaganda, siendo difundido en un amplio círculo de simpatizantes. El Partido, en su primera Conferencia en el mes de enero de 1975, cambió su denominación por la de Partido del Trabajo de España.
Durante todo este período las juventudes del Partido experimentaron un importante desarrollo. Bajo la denominación Joven Guardia Roja de España, se habían unificado las diversas organizaciones juveniles que se habían ido organizando en función de los sectores en los que actuaban : Juventudes Universitarias Revolucionarias, Juventudes Revolucionarias de Bachillerato y la rama obrera juvenil del PCE (i) que fue la que inicialmente adoptó dicha denominación.
Tercera etapa: 1976-1977. Consolidación.
Coincidiendo con la muerte biológica de Franco el 20-N de 1975, el régimen también agonizaba. Los trabajadores, los estudiantes y todos los sectores sociales se movilizaban y el papel de vanguardia del PTE y de la JGRE era cada vez mayor, por el intenso activismo y entrega revolucionaria de sus militantes. Durante ese período el Partido se propuso dejar de ser un partido de cuadros y logró incorporar cada vez más a un mayor número de militantes y simpatizantes.
El año 1976 fue un año de movilizaciones por la recuperación de las libertades constantes y masivas. Las primeras, los domingos 1 y 8 de febrero en Barcelona, fueron una sorpresa para la policía y para las clases y grupos que detentan el poder económico y político del país. Fueron un severo toque de atención.
La lucha estudiantil era cada vez más masiva, el movimiento obrero estaba cada vez más efervescente y se desarrollaban con fuerza las comisiones obreras en las fábricas, el movimiento vecinal adquiría unas proporciones insospechadas organizándose por doquier Asociaciones de vecinos y empezaban a emerger nuevos movimientos como el feminista y el ecologista. Las movilizaciones de todos los sectores de la sociedad incorporaban de una u otra forma, entre sus objetivos de lucha, la recuperación de las libertades políticas. Los recitales de cantautores -Raimon, Lluis Llach,...- se convertían en auténticas manifestaciones antifranquistas.
Los sectores aperturistas del régimen, agotado el Espíritu del 12 de febrero, no podían mantener la situación y tuvieron que desprenderse del gobierno de Arias Navarro (julio), un fascista ligado a los grupos más ultras del régimen (el “búnker”), incapaz de llevar el timón de una transición pacífica que la casta dirigente y la burguesía pretendían, para evitar que la movilización de las clases populares acabara desbordando la reivindicación democrática y fuera más allá en planteamientos de transformación social.
Se encargó la tarea de conducir una transición controlada hacia una situación de libertades descafeinadas a Adolfo Suárez, un político que, una vez asumido el cargo de jefe del gobierno, supo leer la situación en la que se encontraba el país. Con la alianza estrecha y la colaboración de los sectores democráticos de la derecha española, del PSOE y el PCE, gobernó el país entre 1976 y 1981 (desde junio de 1977 como líder de la Unión del Centro Democrático) pilotando lo que hoy conocemos como “transición democrática”.
La transición del franquismo hacia un régimen de libertades se llevó a cabo sin pedir responsabilidades por los crímenes cometidos y procurando el control y la pacificación, cuando no el desmantelamiento de los movimientos de masas.
Los grupos de la ultraderecha conscientes de su pérdida de poder y de la inevitabilidad del cambio de régimen recrudecieron en dicho período sus acciones contra los movimientos y partidos democráticos. Los asesinatos cometidos en las manifestaciones y concentraciones populares así lo atestiguaron. El punto culminante fue la matanza cometida en el despacho de abogados de CC.OO. de la calle Atocha (24/01/1977). Estos crímenes fueron más de lo que el conjunto del movimiento democrático estaba dispuesto a soportar.
Los planteamientos de ruptura con el viejo régimen de la oposición democrática fueron virando hacia posiciones cada vez más moderadas a la vez que se iba organizando incipientemente la derecha democrática y hacían su aparición en la escena política nuevos líderes y partidos representativos de los intereses de esos segmentos sociales , algunos de ellos demócratas conversos de última hora y otros que, habiendo mantenido posiciones democráticas desde siempre o casi siempre, no se habían, hasta entonces, destacado como opositores al régimen o se habían mantenido prudentemente al margen de la movilización popular. Así, mayoritariamente, las fuerzas democráticas opositoras al régimen pasaron de una concepción rupturista del cambio democrático, a una concepción reformista que concedía que la transformación democrática de la sociedad española se supeditara a un pacto con los sectores más reaccionarios y los poderes fácticos que habían sustentado al régimen, al olvido, a la desmovilización, al abandono de símbolos, etc...
Quienes militábamos en el Partido del Trabajo de España y en la Joven Guardia Roja queríamos que el cambio democrático fuera, además de rupturista, acompañado de profundas transformaciones sociales,
Los pactos de la Moncloa firmados en agosto de 1977 supusieron un punto culminante en el proceso de transición, la inflación galopante, el crecimiento vertiginoso del paro obrero, las consecuencias de la crisis del petróleo en nuestra economía, cuyo desarrollismo a partir de los años sesenta se había basado en la energía barata, además del turismo y las divisas de los emigrantes, etc... hacían que la situación fuese insostenible. Dichos pactos tuvieron como primer y fundamental objetivo la contención de la efervescencia en la que se encontraba el movimiento obrero.
El PTE venía insistiendo en la necesidad de la unificación de toda la oposición democrática, su desunión la debilitaba frente al régimen, y por ende de las dos organizaciones unitarias existentes : la Plataforma y la Junta, capitaneadas por el PSOE la primera y por el PCE la segunda. Finalmente se llevó a cabo dicha unificación en el mes de Julio del 76 con la creación de la que acabó siendo conocida por “Platajunta”.
En el verano de 1976, gobernando ya Adolfo Suárez, fue asesinado en una playa de Almería, por la guardia civil, Francisco Javier Verdejo, militante de la JGR cuando iniciaba la pintada de la que fue consigna emblemática del Partido : “PAN, TRABAJO Y LIBERTAD”. Fue una de las últimas víctimas mortales de la lucha por la democracia en nuestro país.
Mediante la intensa actividad política de sus militantes, el PTE consiguió cierta influencia i se erigió en muchos sectores y territorios como el partido más importante a la izquierda del Partido Comunista. Eso le exigió adaptar su concepción de partido y evolucionar hacia la conversión en un partido de masas y adecuar su mensaje político para hacerlo llegar una base más amplia.
En el ámbito sindical el Partido impulsó la creación de la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT), en el campo andaluz, entre los jornaleros, promovió la creación del Sindicato de Obreros del Campo (SOC), en el ámbito de la mujer impulsó la lucha feminista por la igualdad de derechos de la mujer, promoviendo la creación de la Associació Catalana de la Dona (ACD) y la celebración de las primeras Jornades Catalanes de la Dona en Barcelona que consiguieron un amplio respaldo por parte de todas las organizaciones feministas y un gran eco social. En el ámbito de la juventud la Joven Guardia Roja impulsó movilizaciones importantes, tanto en el mundo estudiantil como en los barrios, y por el derecho a voto a los 18 años. En el campo catalán el Partido colaboró en la creación del sindicato Unió de Pagesos. En el ejército los jóvenes del Partido y de la Joven Guardia Roja que hacían el servicio militar obligatorio se organizaban y desarrollaban la Unión Democrática de Soldados (UDS) para desarrollar trabajo político entre los soldados y luchar por la mejora de sus condiciones de vida en los cuarteles.
Durante este período se legalizaron los sindicatos. UGT realizó su congreso públicamente en abril de 1976, igual que el PSOE celebró su congreso en la legalidad en diciembre de dicho año. En junio de 1976 fueron amnistiados a los dirigentes de CC.OO procesados en el Sumario 1001. CCOO también trabaja como organización legalizada. Los movimientos ciudadanos y de todo tipo actuaban de forma abierta y sin que el régimen tuviera capacidad para reprimirlos. En Cataluña el gobernador civil se vio obligado a permitir la primera celebración legal del 11 de septiembre, aunque la celebración de la Diada no pudo celebrarse en Barcelona y se trasladó a Sant Boi de Llobregat.
El 17 de marzo de 1977 el gobierno Suárez decretó la amnistía para todos los presos políticos. El Domingo de Ramos de 1977 fue legalizado el PCE para que pudiera presentarse a las elecciones cuasi-democráticas del 15 de junio de aquel año.
El PTE todavía ilegal se presentó a las elecciones del 15-J a través de una agrupación electoral, el Frente Democrático de Izquierdas (FDI 122.608 votos) y en Cataluña con la coalición Esquerra de Catalunya, formada con los partidos nacionalistas Esquerra Republicana de Catalunya i Estat Català. Dicha coalición obtuvo un diputado, Heribert Barrera de ERC, con el 4,72% de los votos, casi 144.000. En el senado el Partido apoyó la coalición unitaria Entesa dels Catalans, cuyos candidatos arrasaron en obtención de votos, Josep Benet fue el senador más votado en toda España.
En abril de 1977 se produjo la unificación del PTE con el Partido Comunista de Unificación, fruto a su vez de la unificación de diversos grupos : Larga Marcha hacia la Revolución Socialista, Lucha de Clases, Información Obriera y Comité de Estudiantes de Guipúzcoa. El partido unificado mantuvo la denominación Partido del Trabajo de España y se cambió el nombre del órgano oficial del Partido por el de Unión del Pueblo.
Cuarta etapa: 1977-1979. Mantenimiento y participación en contiendas electorales.
Las elecciones del 15-J supusieron un duro golpe para los militantes y la estrategia política del PTE. Aunque estas elecciones se pueden tachar de no plenamente democráticas puesto que se convocaron y realizaron bajo un intenso ruido de sables y con la mayor parte de los partidos de la oposición ilegales, quedó claro que la mayoría del pueblo español optaba por quienes mantenían posiciones más reformistas. Ganó el centro derecha representado por la Unión de Centro Democrático, coalición de partidos democráticos de centro y de derecha que casi se improvisó para concurrir a los comicios. Los dos únicos partidos de entre los que se había organizado la derecha más reaccionaria que obtuvieron representación parlamentaria, Fuerza Nueva de Blas Piñar y Alianza Popular de Manuel Fraga, quedaron como fuerzas meramente testimoniales. El Partido Comunista de España, si exceptuamos el PSU de Catalunya, no alcanzó las expectativas electorales que había generado por sus años de lucha, liderazgo de la oposición antifranquista y enraizamiento en los movimientos populares. Fue la socialdemocracia, representada por el PSOE, la fuerza que se erigió en aglutinante de la mayor parte del voto de izquierda. En Cataluña quedó para la historia el dato de que el conjunto del voto a partidos y coaliciones de izquierda fue ampliamente mayoritario.
Para el Partido en Cataluña el fracaso electoral que supuso la no obtención de representación parlamentaria propia, tuvo un alto precio, se desencadenó una crisis, que llevaba algún tiempo larvada, entre quienes mantenían unas posiciones más abiertamente nacionalistas y de autonomía en la elaboración de la línea política y quienes defendían posiciones más “ortodoxas” de sometimiento al centralismo democrático. Dicha crisis acabó con la escisión/expulsión de un significado grupo de dirigentes con el secretario general al frente, que formaron con otras fuerzas i personalidades como Xirinacs el Bloc d’Esquerra d’Alliberament Nacional (BEAN).
Las Cortes Generales comenzaron a elaborar la Constitución, se restableció la Generalitat de Catalunya el 29 de septiembre de 1977, después de la impresionante manifestación de un millón de personas por las calles de Barcelona exigiendo el Estatut i el retorno del President, volvió del exilio Josep Tarradellas para presidir la recién restablecida Generalitat de Catalunya y un gobierno de unidad en el que participaron los partidos centrista, socialista, comunista y nacionalistas, con representación en las Cortes Generales y alguna personalidad independiente.
El 6 de diciembre de 1978 el pueblo español ratificó en referéndum la Constitución elaborada por las Cortes.
En las elecciones generales de 1979, una vez aprobada la Constitución, el PTE obtuvo en toda España 191.977 votos y la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) 127.643 votos. En un intento de recomponer a la izquierda marxista se unificaron ambos partidos, que mantenían posiciones ideológicas y políticas muy similares, y se constituyó el Partido de los Trabajadores de España el 7 de julio de ese año. Eladio García Castro fue elegido secretario general del nuevo partido, y su órgano oficial se denominó Yesca.
El esfuerzo del nuevo Partido de los Trabajadores por no convertirse en una fuerza testimonial como lo eran otras a la izquierda del PC, culminó en las elecciones municipales a los primeros ayuntamientos democráticos de octubre de 1979, en las que fraguó todo el trabajo realizado durante todos los años de lucha. El resultado de estas elecciones fue la obtención de unos 400 concejales y 20 alcaldes, con algo más de 300.000 votos en toda España.
Epílogo: 1980. De la ilusión al desencanto.
La elecciones a los ayuntamientos democráticos de 1979 fueron el inicio del fin. Se evidenció definitivamente que opciones revolucionarias que con sus planteamientos iban más allá de la ruptura democrática, preconizando profundas transformaciones sociales, como era la que representaba el Partido no tenían espacio social y electoral en el que desarrollarse.
La forma de estado de monarquía parlamentaria y democrática, homologada por Europa, colmaba las aspiraciones de las fuerzas democráticas reformistas que habían pactado la transición y que representaban a la gran mayoría de ciudadanos.
Todavía hubo un intento de obtener representación en el Parlament de Catalunya, en las primeras elecciones autonómicas de 1980, participando con una coalición con otras fuerzas de izquierda (Bandera Roja, Movimiento Comunista, Liga Comunista Revolucionaria) : Unitat pel Socialisme, que tampoco logró su objetivo. No obstante, fue significativa la victoria electoral de un partido nacionalista de centro derecha, Convergencia i Unió, en una comunidad autónoma que apenas tres años antes había sido bautizada, por sus resultados electorales, como la zona más roja de Europa.
El Partido estaba desorientado. No había una estrategia clara sobre cómo seguir avanzando hacia el socialismo, el desencanto se apoderó de muchos militantes y se produjeron grandes divergencias en su seno sobre como afrontar la situación política, económica y social que se había venido consolidando en España.
A todo ello había que añadir una situación grave de endeudamiento económico, causado por las participación en las múltiples campañas electorales.
En Cataluña el Partit dels Treballadors de Catalunya se disolvió oficialmente en un Congreso celebrado en Cornellà de Llobregat, en julio de 1980, y se constituyó una Comisión Liquidadora que intentó, sin mucho éxito, por la situación de enfrentamiento existente entre las distintas facciones, entre otras razones, conseguir apoyo económico para quiénes habían avalado los créditos electorales del Partido.
Principios ideológicos y políticos (síntesis)
EL PTE se declaraba marxista-leninista y se proponía instaurar el poder de los trabajadores para llevar a término la construcción del socialismo y alcanzar la sociedad sin clases, es decir, el comunismo.
Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, eran nuestros referentes teóricos e ideológicos.
Consecuentes con nuestro análisis marxista de la historia defendíamos que en la sociedad existían intereses de clase contrarios e irreconciliables y que solamente mediante la lucha de clases, verdadero motor de la historia, que culminara con la revolución se podía derrocar el poder de la burguesía e instaurar el poder de los trabajadores para iniciar la construcción del socialismo.
El PTE se planteaba un objetivo intermedio: aislar al enemigo principal, la oligarquía monopolista, y unir contra ella a la mayoría del pueblo, mediante una alianza interclasista de todas las fuerzas interesadas en ampliar la democracia y abordar profundas transformaciones económicas y sociales de carácter antimonopolista y antiimperialista. Se trataba de instaurar en una primera etapa una democracia popular y para conseguirlo construir un Frente Democrático que incluyera a la clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía, los intelectuales y otros sectores sociales contrarios al gran capital.
El triunfo de este frente popular debía significar el establecimiento de un nueva forma de Estado, la Republica Democrática, que, sin ser todavía el socialismo, transformara las bases fundamentales sobre las que se sustenta el capitalismo, mediante la transformación democrática del Estado español, garantizando la plena igualdad de derechos de todas las naciones que lo constituyen, incluido su derecho a la autodeterminación, la profundización en la democratización de todos los ámbitos de la vida del país, la puesta a disposición del pueblo de los medios fundamentales pe producción y de la reforma agraria, lo que permitiría orientar la economía hacia el progreso social y se creando las condiciones objetivas para solucionar los problemas mas candentes del pueblo, tanto los económicos como los educativos, culturales, de bienestar y salud,....
Pero para iniciar el soñado camino de la construcción del socialismo, en la España de aquellos años era necesario en primer lugar acabar con la dictadura fascista. Sólo resolviendo la contradicción dictadura-democracia y resolviendo la cuestión nacional sería posible dejar al descubierto la contradicción fundamental, de clase, entre la burguesía y el proletariado y su aliados.
Treinta años después los que hemos sido organizadores del Encuentro de antiguos camaradas celebrado en La Farga de L’Hospitalet de Llobregat, el 19-N próximo pasado, y muchos de los asistentes al mismo, hemos constatado que, por encima de nuestras diferencias políticas e ideológicas actuales, nos une algo que quedará para siempre : el haber compartido lucha e ideales en aquellos años tan difíciles, primero en la clandestinidad durante la dictadura y después en la legalidad durante la transición, y el orgullo de haber militado en una fuerza política de izquierdas que se destacó por la combatividad y entrega de sus militantes, que jugó un papel de vanguardia en la lucha antifascista, y que contribuyó, sin duda alguna, a la transformación democrática de España.
Por ello es por lo que queremos recuperar y reivindicar la memoria histórica del proyecto político en el que tan activamente participamos y hemos impulsado la creación de la “Associació d’antics militants i simpatitzants del Partit del Treball i de la Jove Guàrdia Roja, PA, TREBALL I LLIBERTAT” a la que te invitamos a asociar si aun no lo has hecho.
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